Tres comunidades rarámuri de las Barrancas del Cobre respondieron a la polémica por la Expo Overland Barrancas del Cobre 360 con un comunicado que no cierra la puerta al turismo: la condiciona.
Dicen que los organizadores ya hablaron con ellas y les aseguraron que los vehículos no circularán por caminos vecinales y que respetarán a las comunidades. El recado, sin embargo, no sustituye lo que exigen por derecho: consulta previa, libre e informada. Quieren información antes de que se arme cualquier evento turístico en su territorio ancestral, no explicaciones cuando los motores ya están en la sierra.
No se oponen a las actividades turísticas, puntualizan. Piden que se respete la vida comunitaria, la flora y la fauna, y que no se ensucien ríos y arroyos. De ahí toman el agua.
El Parque de Aventura Barrancas del Cobre, recuerdan, no está asentado en un vacío escénico. Es parte del territorio que Bacajípare, Huitósachi y Mogótavo comparten desde antes del proyecto turístico y de las carreteras actuales. Hay afectaciones, afirman, y por eso demandan que promotoras, organizaciones e instituciones públicas prevean limpieza, mitigación y el menor impacto posible. También piden ser incluidas en el desarrollo económico de la región: no como adorno folclórico, sino como actoras del bienestar común.
Se declaran organizadas para vivir en armonía y dicen que esa organización las ha llevado a manifestarse. Hay sentencias que ordenan respetar sus derechos y que, según el comunicado, siguen sin cumplirse. Quienes deben acatarlas, insisten, están obligados a hacerlo.
El cierre es casi un principio de convivencia: los problemas grandes, escriben, se pueden atajar desde lo pequeño —la comunicación, el entendimiento, la igualdad y el respeto a otras formas de vida—. En las Barrancas, eso empieza por no tratar el territorio como pista y a quienes lo habitan como paisaje.